Es cuarentena y se descompuso el refri

No terminé la presentación y ya voy tarde al trabajo.

Tomo el auto y resulta que el naco de amarillo me dice “su tag no pasa güera”, ¡puta madre!, sigo por la parte de abajo de periférico y Waze me dice que llegaré en 1 hora 23 minutos, y pienso, “ok, llegar 13 minutos tarde no es tanto”, pongo las rolas del tour de OV7, voy tranquila mientras le llamo a Fer, mi asistente.

“Hola bonita ¿cómo estás? fíjate que voy tarde, porfa saca las gráficas de la pres pasada y ponlas 2 slides antes del último, jala el presupuesto de la pres del miércoles y ponlo al final, ¡gracias nena!”, sigo tranquila, voy a buena velocidad y lo mejor es que el Waze bajó 2 minutos, eso me dice que debo subirle a Shabadabada y cantar.

De un momento a otro el Waze se pone loco, me dice que voy a llegar en 2 horas 1 minuto, ¡pinche tecnología de mierda!, qué bueno que no voy por el segundo piso de peri para poder callejonear. Después de 1 hora y 47 minutos callejoneando y de que Waze recalculara más de 10 veces, entra una llamada y resulta que no es mi jefe, es Fer; “¿qué pasó chula?”, Fer me dice “Hola jefa, pues nada sólo avisarte que acabamos de tener una junta general y resulta que por el tema del Coronavirus o esa cosa del COVID-19, el despacho va a cerrar y nos avisaron que haremos home office desde hoy”, en ese momento pienso “Me cago en mi puta madre, yo matándome para llegar y resulta que me dan vacaciones anticipadas”, bueno ok.

No tengo que llegar temprano a mi casa, quién sabe qué esté pasando en la oficina de Mau, Romi está en la escuela y la bebé con Carmela. En ese momento llamo a Nina, siempre con el manos libres claro, yo soy muy cuidadosa y precavida al manejar; mi amiga me contesta: “sí” yo le digo “¿cómo que sí?” “¿qué le os ha tragao la lengua algún pito andaluz o algún madrileño tía? jaja” le digo con mi mala imitación española, “pinche Nadia, ¿cómo estás?” me contesta, mientras yo con muchas ganas de que me cuente le digo “Cómo voy a estar cabrona, acá esperando el chisme, ¿cómo te fue en tu viaje terapéutico de divorcio en la madre patria?”, Nina ríe mientras me cuenta: “todo bien amiga, deli, la neta es que ya sabes, España es hermoso, pero al final un poco tenso por este pedo del Coronavirus, ya te contaré cuando tengamos tiempo per…”, sin dejarla terminar la interrumpo, “nananana, nada de peros, ahorita tengo tiempo, paso por ti y nos vamos a desayunar ¿ok? Bueno, a almorzar-comer que ya es un poquito tarde”.

Pasamos horas platicando, el almuerzo se volvió comida, la comida se volvió cena y la cena se volvió en un no me acuerdo, aunque al otro día Mauricio hizo que me acordara, pero la discusión con él terminó con una tregua de estar tranquilos por las niñas.

Los días siguientes fueron caóticos en casa con chamacas, marido y trabajo, lo único que me reconfortaba era que Carmela, mi muchacha, estaba para ayudarme con todo, mi soldada, mi heroína.

Perdí la cuenta de los días y de pronto Romina me grita, ¡Mamáaaaa, el yogur sabe feo!, dentro de mí decía “es sábado niña, es muy temprano para quejas”, la realidad es que era martes. Voy a la cocina y resulta que el jamón, la leche, el queso y casi todo estaba echado a perder, “puta madre, a hacer el súper de nuevo” pensé, porque yo soy de las personas que no distingue cuando se descompone el auto o solo se necesita llenar el tanque de gasolina, así que me dispuse a llenar el refri.

Estábamos en contingencia así que me vestí de la heroína que iría al súper, con cubre bocas, guantes, ropa que podía tirar y con toda la actitud para asaltar medio súper, al final, todo en algún momento se necesita. Pero resulta que después de 2 días nos damos cuenta que no era la fecha de caducidad, era el refrigerador, “madres” pensé, “es cuarentena y se descompuso el refrigerador”, hablo con Mauricio y me dice, “oye, mi papá le sabe a esto”, sin filtrar lo que pensaba le contesto “¡no mames Mauricio, tenemos niñas, tus papás andan en la calle, no pueden venir y tampoco voy a dejar entrar a un arregla refrigeradores a mi casa, habla a la garantía carajo!, yo histérica pienso “¿qué voy a hacer sin refri?”, de pronto Carmela viéndome así me dice: “señora, mi primo puede arreglar el refrigerador y ahorita anda sin chamba”, yo un poco renuente le pregunto “¿Pero no tiene gripa ni nada verdad Carmelita?”, no señora, me contesta.

Al día siguiente llega Ramiro a la casa, entra pero no antes de dejar sus zapatos en la entrada, de cambiarse la ropa en el garage y ponerse cubre bocas y guantes; revisa el refrigerador, yo siempre atenta no por desconfiada, solo para cerciorarme de que no toque nada, él muy amable me dice que afortunadamente es una pieza muy fácil de conseguir, sale de la casa y después de un par de horas regresa haciendo el mismo ritual, Romina le abre la puerta para que entre y cambie la pieza.

En la madrugada del día siguiente, Romina tiene fiebre, mucha tos y no puede respirar, no sabemos qué es, sólo que no puede respirar; salimos corriendo al hospital y estando ahí las horas son largas, 3 horas pasaron antes de que nos dieran un diagnóstico, Romi tiene síntomas de COVID-19 nos dice el doctor, en ese momento se nos viene el mundo encima.

Pasó esa noche y la siguiente, en esos días le repetía a Mau “seguro fue el primo de Carmela, ¿cómo se llamaba?, él la contagió, seguro también nosotros estamos contagiados”, mientras pensaba ¿tal vez somos asintomáticos como dice el doctor; y mi bebé?, esperemos el resultado de las pruebas.

Estábamos cansados, varios días en el hospital suelen tener ese efecto, mientras mi cabeza aletargada pensaba en mil cosas, Mau y un doctor platicaban de los países más afectados y de pronto cuando escucho la palabra España, vuelvo en mí y pienso “Nina estuvo en España”; me quedo helada, todo está más claro y lo único que pienso en ese momento es: “y yo pensando que fue el chico que nos arregló el refri”.