Por Rafael Pérez

La Revolución de la Transparencia

Causa y efecto de la revolución en la Industria de las Comunicaciones.

La Industria de las Comunicaciones pasa por toda una revolución. Más allá de lo que muchos piensan, esta revolución no es “lo digital”, eso es simplemente una de las causas. El verdadero cambio radica en que nuestra industria ha pasado a ser totalmente transparente. Es decir, pasamos de establecer un monólogo cerrado con el consumidor —en una sola vía—, a un diálogo abierto —en doble vía—. Hoy por hoy la comunicación vive de un intercambio libre, sin cortapisas y sin posibilidades de manipulación. Este es el efecto de “lo digital” y es por eso que la transformación actual puede entenderse como una revolución de la transparencia.

En el cada vez más complejo escenario en que juegan nuestras marcas, “lo digital” es, sin duda, un nuevo medio indispensable para acercarnos a nuestros consumidores. Más allá de los contenidos, es en las redes sociales donde las comunidades interactúan, donde nos vigilan, nos califican, nos aceptan o nos critican sin compromiso ni compasión alguna. Eso sin olvidar que también es el lugar donde el “word of mouth” es más poderoso e influyente que cualquier campaña dirigida.

Una vez más nos encontramos con la revolución transparente, de ahí que actualmente las marcas necesiten presentarse de la manera más honesta posible ante sus consumidores. De ahí que deban comunicar un propósito que trascienda incluso a su propia naturaleza; sólo así pueden ganar el amor y la consideración de sus consumidores. Ese también es el efecto por el que muchos de nuestros cerebros de la mercadotecnia con mas de 35 años, con una amplia experiencia profesional y una larga historia de éxitos a la espalda, no entiendan nada de lo que está pasando y lo etiqueten simplemente como “lo digital”.

Alguien dijo que hoy la publicidad verdaderamente efectiva no vende, pero hace que el consumidor compre, y estoy totalmente de acuerdo. La comunicación comercial de una marca consciente del fenómeno de la transparencia, y de la necesidad de trascender, seguramente venderá más y por mucho más tiempo. Además, si lo hace bien, seguro ayudará a cambiar el mundo.

Quién iba a decir hace apenas unos años que, como resultado de esta transparencia en todos los frentes, este parece ser el destino final al que están condenadas las marcas. Si quieren sobrevivir y seguir creciendo, es fundamental que se atrevan a ser verdaderos actores de cambio, que se atrevan a ser cada vez mejores y a invertir realmente donde el impacto social es mayor y donde más lo aprecian sus consumidores.

En otras palabras, sin doctrinas obtusas y ridículas ni terrorismos fanáticos, esta sí pareciera ser una revolución realmente gloriosa. El resultado nos lleva hacia adelante impulsados por una motor inesperado pero poderoso: “el marketing de propósito” o como me gusta llamarlo, “el marketing de la transparencia”.